En Apizaco, los viejos cacicazgos ya están en el altar
Por: Vale DELGADO ✍🏻
En Día de Muertos se pone en el altar lo que ya se fue, lo que ya no vuelve. En la política tlaxcalteca también hay mucho que ya debería estar en el altar: los viejos cacicazgos que creían que Apizaco y la capital les pertenecían por herencia.
El acuerdo del ITE que reserva espacios para mujeres no es solo jurídico, es simbólico. Es ponerle fin a una forma de hacer política que ya huele a cempasúchil podrido. Esa política de siempre los mismos, de apellidos que se heredan el cargo como si fuera puesto del mercado.
Por eso les ardió. Los partidos que hoy impugnan no pelean por la paridad, pelean por no morir. Porque saben que si la regla cambia, sus gallos de siempre ya no pasan.
Y mientras unos prenden veladoras para que el Tribunal les reviva el muerto, en Apizaco la realidad ya los rebasó. La gente no quiere más pan y circo, no quiere al político que solo aparece para vender humo, para tomarse la foto con el pan del día y luego burlarse de la necesidad en lo oscurito. De esos ya estamos hasta la madre.
Apizaco ya entendió que lo viejo no funciona. Por eso hoy lo que se comenta en colonias y comunidades es que la Ciudad Modelo será gobernada por una mujer. No por cuota, por hartazgo de los mismos de siempre.
Este Día de Muertos, lo que se entierra no es solo el pasado, es la vieja forma de entender el poder.
La política también tiene sus muertos… y sus vivos
En estas fechas recordamos a quienes ya no están, pero en política también hay que distinguir quién está vivo y quién es un muerto que aún no se entera que ya lo enterraron.
El 2027 en Tlaxcala parece altar de pueblo: hay de todo. Está el que ya dio lo que tenía que dar y se niega a irse, reciclándose cada tres años con el mismo discurso gastado. Está el que vive de vender espejitos, puro show, pura red social, cero territorio. Y están las ánimas en pena que regresan cada elección buscando hueso porque fuera de la nómina no saben hacer nada.
Esos son los muertos políticos. Caminan, pero ya huelen a olvido.
En Tlaxcala capital la exigencia es otra. Aquí no quieren un payaso de crucero ni un vende-humo. La capital, sede de los poderes, exige orden, disciplina, mano firme y estrategia. No ocurrencias.
La ciudadanía ya no se deja engañar con el pan y el circo. Ya distingue entre el que trabaja y el que solo se mofa de la gente.
El Día de Muertos nos enseña algo: por más cempasúchil que le pongas, al muerto no lo revives. En política tampoco. Y en 2027, Tlaxcala va a votar por los vivos, no por los que ya deberían estar en el altar.
