Por Yéred Gallardo Carro
Carentes de planeación y anticipación a las temporadas epidemiológicas resultaron ser los nuevos “administradores” de la salud en Tlaxcala y ocupo esa palabra porque bien se observa que la única autoridad para mover un dedo en esa materia es la Titular del Ejecutivo Estatal, Lorena Cuéllar Cisneros, y del secretario Fifí, tlaxcalteca de nacimiento pero que se siente poblano, Rigoberto Zamudio Meneses, solo le vemos hacer fuchi a los problemas.
Como la fábula de “Juanito y el Lobo” es la historia de la cuarta ola de Covid que vivimos actualmente en Tlaxcala. Sin prevención, sin asumir medidas serias ante la nueva ola de contagios anunciada meses antes en otros continentes,
sin suficientes pruebas, sin capacitación de personal ante las nuevas variantes, sin consideraciones a los riesgos que representaban los eventos decembrinas encabezados por la Villa Navideña…las autoridades del Consejo Estatal de Salud en Tlaxcala ahora sí dictan medidas de restricción y mitigación de eventos masivos…ahogado el niño, a tapar el pozo.
En el mes agosto, en el municipio de Tepeyanco, antes de culminar su ejercicio en la administración priísta el ex secretario de salud, René Lima Morales, hablaba con los todavía entonces alcaldes de Tlaxcala para conminarlos ha hacer todo lo posible para difundir la inminente llegada de la cuarta ola; es más, les recomendó que hablarán con sus sucesores para que continuaran con las medidas de prevención, restricción y mitigación de riesgos.
¿Pero quién los iba a escuchar? Si los que llegaban, llegaron de fiesta que se prolongó cuatro meses .
A los 15 días de enero, a su servidor le tocó observar, parado en la fila para hacer prueba para detección de Covid en el Centro Urbano de Tlaxcala, en menos de treinta minutos, seis casos positivos…el informe de ese día fue de casi los mismos casos en todo el estado, algo verdaderamente increíble y hasta ofensivo a la inteligencia.
Quince días después, nos percatamos por conocidos y familiares que, ahora era todavía más complicado realizarse la prueba, porque aunque llegarás con síntomas te dicen: “tiene que esperar usted cinco días y en esos días sigue presentando síntomas venga a hacerse la prueba”… ¡Hágame usted el favor!
La cepa de omnicron tiene una duración con síntomas y contagio de seis a cinco días, es decir cuando usted quiera regresar ya está pasando la enfermedad, pero también contagiando a muchos, muchos más…el resultado hoy lo vemos.
La medida discrecional para elegir quién se aplica y quién no la prueba es ofensiva, uno si, cinco no…todo parece ser que porque hay desabasto de pruebas y la respuesta más maravillosa de nuestras autoridades fue, pues que se regresen a casa.
A los niños no se les aplica la prueba, a pesar de que llegan con temperatura, se forman, esperan su turno y les dicen, venga en cinco días…señores, ¡Los niños no tienen vacunas!
Sin duda alguna los administradores de la salud tienen la mayor responsabilidad en esta cuarta ola descontrolada…y lo que nos falta.
