La salida de Jorge Rivera Sosa y su grupo político, conocidos como “los Jorges”, ha encendido las alertas dentro del PAN estatal, no solo por lo que representa Tlaxco, sino por el mensaje que deja hacia la militancia: la dirigencia encabezada por Ángelo Gutiérrez ha perdido el control político interno. Liderazgos históricos acusan abandono, malos tratos y una constante marginación que ha debilitado la estructura territorial del partido.
El malestar, coinciden voces al interior, tiene un origen claro: la dirigencia estaría más enfocada en impulsar el proyecto rumbo a la gubernatura de Miriam Martínez, esposa de Ángelo Gutiérrez, que en fortalecer al partido. Esta prioridad ha provocado un descuido evidente de la base militante y de los cuadros locales, generando inconformidad no solo entre quienes ya se fueron, sino también entre aspirantes que hoy ven un PAN sin rumbo ni apertura.
Mientras tanto, la crisis nacional del panismo suma presión, con la salida de figuras como Alejandra Gutiérrez, alcaldesa de León, Guanajuato, que refleja un desgaste más amplio del partido. En Tlaxcala, el panorama es aún más delicado: la única rentabilidad electoral se concentra en Apizaco y en municipios del Distrito Federal 1, bajo la coordinación de Juan Carlos Sánchez García “SAGA”, aunque incluso en estos espacios comienzan a percibirse señales de fractura.
Apizaco, considerado el distrito más votado para el PAN en la entidad, tampoco es ajeno al desgaste. A pesar de su peso electoral, comienzan a percibirse señales de abandono y descontento entre la militancia. En este escenario, crecen las interrogantes sobre el rumbo de sus principales figuras: ¿qué papel jugará Pablo Badillo en medio de esta reconfiguración política y el evidente debilitamiento del partido?.
