_Mazatecochco, Tlaxcala._ Los sellos de clausura llegaron tarde. Muy tarde.
Vane CORREA
En la calle Buenavista, Sección Tercera, los vecinos lo sabían, lo olían y lo veían todos los días: una casa convertida en depósito clandestino de hidrocarburo operaba sin freno, en medio de familias y a unos pasos de escuelas. El barrio se había vuelto una trampa mortal que el ayuntamiento simplemente no quiso ver.
Fue hasta que la Guardia Nacional, la Fiscalía General de Justicia del Estado y corporaciones estatales reventaron el lugar que el negocio ilegal cerró. El operativo duró horas y terminó con el inmueble asegurado y un vehículo rojo decomisado, presuntamente usado para distribuir el combustible.
Los habitantes ya habían dado la alerta con todo menos con pancartas. El olor a gasolina, el movimiento constante de bidones y la venta descarada eran el secreto a voces de Buenavista. La omisión tiene nombre: Emilio González Cortés, presidente municipal, cuya inacción hoy pesa sobre el municipio.
La advertencia más brutal llegó el sábado previo al cateo. Un incendio estalló en un inmueble contiguo al centro de huachicol. El fuego ardió a metros de decenas de litros de hidrocarburo almacenado. Una chispa más y Mazatecochco habría salido en la nota roja nacional. El ayuntamiento no se movió. González Cortés no actuó. El negocio siguió.
El hombre que los vecinos señalan como responsable, conocido en el barrio con el alias de “el Pemex”, no estaba durante el operativo.
La clausura es un paso, sí. Pero en Buenavista la pregunta quema: ¿cuánto tiempo más habrían dormido sobre una bomba de tiempo si la Guardia Nacional no llega primero?
